Un poco de historia...
Fresas, jabots, tocados, vestidos de novia y velos… en el siglo XVII, toda la nobleza y el alto clero se adornaban con encajes de punto veneciano, muy de moda en la época. Pero en 1650, Marthe La Perrière, una encajera de Alençon, quiso perfeccionar este delicado arte y animó a sus jóvenes aprendices a crear su propia técnica. Poco a poco inventaron el encaje de punto de Alençon, un encaje de aguja extremadamente fino que ofrece una calidad única y poco común.
En 1665, Colbert, ministro de Hacienda de Luis XIV, decidió crear una fábrica real en Alençon e hizo de este punto, unánimemente apreciado, una referencia en la materia para prohibir toda importación de encajes extranjeros.
Esta producción empleó a cerca de 10.000 personas en la primera mitad del siglo XVIII, y durante la primera Exposición Universal de Londres, en 1851, el encaje de Alençon fue reconocido como «el encaje de las Reinas y la Reina de los encajes».

















